Antes del primer bocado
Los instantes previos a comer definen el ritmo de todo el plato. Un microhábito aquí tiene un efecto dominó: respiración consciente, una mirada curiosa al alimento y un breve chequeo interno. Estas pequeñas pausas recalibran expectativas, abren espacio a la gratitud y disminuyen la velocidad automática. Así, la sensación de control crece sin rigidez, y el cuerpo agradece la atención plena.